El nuevo orden mundial: cuando la ley cede ante el miedo
La intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, al margen de juicios morales sobre el régimen de Caracas, ha evidenciado una verdad que muchos preferían no mirar de frente: en el tablero geopolítico actual no impera el derecho, sino el miedo al más fuerte.
La legalidad como discurso, no como freno
El Derecho Internacional se ha convertido en un argumento selectivo. Se invoca cuando conviene y se ignora cuando estorba. Organismos como la Organización de las Naciones Unidas, concebidos para arbitrar conflictos y preservar la soberanía de los Estados, observan cada vez con menos capacidad de reacción cómo las grandes potencias actúan de forma unilateral.
No es una anomalía puntual, es una tendencia:
si eres fuerte, actúas;
si eres débil, protestas;
y si estás en medio, miras hacia otro lado.
El mensaje que se envía al mundo
El precedente es peligroso. El mensaje es claro y brutalmente simple:
no importa quién tenga razón, importa quién tenga fuerza suficiente para imponerla.
Hoy es Venezuela. Mañana puede ser cualquier país cuya riqueza estratégica —energía, minerales, posición geográfica— despierte el interés de una potencia mayor. La justificación siempre será distinta: democracia, seguridad, terrorismo, narcotráfico. El resultado, casi siempre el mismo.
Un mundo más inestable, no más seguro
Lejos de construir estabilidad, este tipo de actuaciones normalizan la ley del más fuerte y erosionan los pocos consensos globales que aún sobreviven. Cuando la fuerza sustituye a las normas, el mundo no se ordena: se vuelve imprevisible.
Y en un mundo donde el respeto ya no se basa en la ley, sino en el miedo, nadie está realmente a salvo.
¿Donde estará el orden mundial?