Aragón redefine su mapa político tras las elecciones del 8 de febrero de 2026

Las elecciones autonómicas celebradas en Aragón el 8 de febrero de 2026 han dejado un Parlamento fragmentado y un escenario político marcado por el avance de la derecha, el retroceso socialista y la práctica desaparición del regionalismo tradicional.

 

Los comicios, convocados de forma anticipada por el presidente Jorge Azcón (PP), han renovado las Cortes de Aragón en un contexto de creciente polarización y cambio en las preferencias del electorado.

El Partido Popular fue la fuerza más votada, con 26 escaños y algo más del 34% de los votos. A pesar de la victoria, el resultado supone una ligera pérdida respecto a la anterior legislatura y, sobre todo, deja al PP lejos de la mayoría absoluta fijada en 34 diputados. Esto obliga a los populares a buscar apoyos para garantizar la gobernabilidad.

En este escenario, Vox emerge como socio determinante. La formación duplicó su representación y alcanzó los 14 escaños, convirtiéndose en la tercera fuerza política y en pieza clave para la conformación de un posible gobierno de derechas.

El Partido Socialista sufrió uno de sus peores resultados en Aragón en las últimas décadas. Con 18 escaños y cerca del 24% del voto, el PSOE perdió cinco diputados y queda lejos de la posición dominante que históricamente ha mantenido en la comunidad, donde gobernó durante largos periodos desde la Transición.

Este descenso refleja un desgaste notable y la dificultad de articular un bloque progresista competitivo frente a una derecha más cohesionada.

Uno de los datos más llamativos de estas elecciones es la desaparición del Partido Aragonés (PAR) del Parlamento autonómico, tras décadas de presencia decisiva en la política regional. El declive del regionalismo tradicional se confirma con la pérdida de peso de formaciones históricas que en el pasado fueron clave para formar gobiernos.

En contraste, la Chunta Aragonesista (CHA) logró crecer y alcanzar 6 escaños, consolidándose como la principal fuerza regionalista con representación. Aragón Existe obtuvo 2 diputados, mientras que IU–Movimiento Sumar consiguió un único escaño. Podemos y otras candidaturas de izquierda alternativa quedaron fuera de las Cortes.

Aragón mantiene una de sus constantes históricas: la ausencia de mayorías absolutas claras. Como en legislaturas anteriores, la formación de gobierno dependerá de pactos y acuerdos entre partidos, lo que augura negociaciones intensas en las semanas posteriores a la votación.

La suma de PP y Vox supera con holgura la mayoría necesaria, lo que dibuja un posible ejecutivo sustentado en esta alianza. Mientras tanto, la izquierda queda fragmentada y sin capacidad aritmética suficiente para disputar el gobierno.

Las elecciones de 2026 marcan el inicio de un nuevo ciclo político en Aragón, caracterizado por una mayor dependencia de pactos, un equilibrio parlamentario complejo y el ascenso de fuerzas que hasta hace pocos años tenían un papel secundario en la comunidad.

Más allá del ámbito autonómico, estos resultados se interpretan también como un reflejo de dinámicas presentes en el conjunto de la política española: fragmentación, reconfiguración de espacios ideológicos y protagonismo creciente de los partidos situados en los extremos del espectro político.

El futuro gobierno aragonés dependerá ahora de las negociaciones entre fuerzas políticas, en un Parlamento donde ninguna puede gobernar en solitario y donde cada escaño adquiere un valor decisivo.